Platea magazine - El Festival Bal y Gay rinde homenaje al Año Jacobeo con 'Schubert no Camiño'

Platea magazine - El Festival Bal y Gay rinde homenaje al Año Jacobeo con 'Schubert no Camiño'

Decía Tagore que el viajero ha de llamar, una tras otra, a todas las puertas extrañas para llegar a la suya, ha de vagar por todos los mundos de afuera si quiere llegar descubrir por fin el suyo propio. Fue quizás ese potencial transformador o su proyección de libertad, de una necesidad de cambio que se escapa a la razón, lo que atrajo tan pasionalmente la atención de los románticos tanto por el camino como por aquellos que lo recorren, los caminantes.

De este modo, el camino, entendido como transformación constante y espíritu por superarse y llegar más lejos, está presente en todo lo que termina por merecer la pena, pues como ya apuntó hace casi dos mil años Séneca el joven, no existe camino fácil de la Tierra a las estrellas. Doble lectura, por tanto, la que puede hacerse de esta octava edición del Festival Bal y Gay que se abrió con el ciclo Schubert no Camiño, asociado al Camino de Santiago, cuyo recorrido por el Norte atraviesa La Mariña y que bien podría estar dedicado también al ya largo trecho recorrido por la propia organización, que no sólo logró mantener el tipo durante su pasada edición celebrada en plena pandemia, sino que ha logrado salir reforzado de aquello, lanzando esta nueva edición llamada a consolidar definitivamente el evento como un imprescindible anual dentro de la agenda clásica gallega. 

Del Bal y Gay gusta la indudable calidad de los artistas que integran la agenda, sí, y también el valor arquitectónico de los lugares elegidos para sus conciertos, pero, por encima de todo, sorprende su cercanía, su capacidad para crear una atmósfera rebosante de auténtico amor por la clásica que parece mantenerse ajena a las polémicas que en ocasión rodean a ésta. Así, es posible afirmar sin riesgo a exagerar que asistir al Bal y Gay y disfrutar de una estancia de unos días en La Mariña es una experiencia única, que emana una tranquilidad prácticamente horaciana.

En un ejercicio del esfuerzo y el ánimo de superación que comentábamos antes, este año el Bal y Gay ha ampliado su oferta y presentado su programación dividida en dos bloques: una primera parte que ya ha tenido lugar con ese ciclo destinado a Schubert y una segunda parte que transcurrirá entre los días 18 y 26 de agosto contando con nombres como Javier Perianes, Pablo Saíz o el Cuarteto Casals y que, sin duda, bien merecerán una nueva visita a tierras gallegas. Por lo pronto, es posible hablar de ese primer ciclo, que arrancó el viernes 14 con una espléndida Judith Jáuregui al frente de un programa exigente conformado por dos obras realmente extensas como los son la Sonata No.4, Op.7 de Beethoven y esa Wanderer Fantasie con que se abría la presencia de Schubert en el Festival. 

No hubo que esperar sino al día siguiente para poder escuchar algo más del genial compositor romántico, concretamente su Quinteto de Cuerda D.956 que llegó de la mano del estupendo trabajo del Cuarteto Cosmos reforzado por el cello de Fernando Arias. Combinación que resultó ganadora, sin duda, a la vista de todo su concierto y especialmente de su interpretación del Adagio de dicho quinteto que, en palabras de la persona que se sentó junto a mi en el concierto, fue capaz de hacernos volar. Con todo ello demostraron los jóvenes músicos que su trayectoria no puede clasificarse ya únicamente como prometedora, sino que se trata de una realidad actual. Cerraría el ciclo la presencia estelar de Christoph Prégardien, que al día siguiente ofrecía su lectura del Winterreise D.911 en la Catedral de Mondoñedo en un concierto al que, por desgracia, ya no me fue posible asistir. 

Ya hacia el final de la película Lost In Translation, de Sofía Coppola, el personaje protagonista de Charlotte dice una frase cargada de nostalgia y que se me quedó grabada desde el mismo momento en que la escuché: “No volvamos aquí jamás porque nunca será tan divertido”. Pues bien, por lo que está demostrando el Festival Bal y Gay, todo apunta a que, para alguien que ya lo haya visitado, resistirse a volver terminará por convertirse en algo imposible.

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